Galleros MéxicoVer catálogo
Gallo fino en el rancho de la familia Aldana

Nuestra historia

Treinta años no se improvisan.

Tres generaciones de la familia Aldana perfeccionando un solo linaje — gallo por gallo, camada por camada.

El origen

El patio donde empezó todo

Corría 1992 cuando el fundador de la familia Aldana apartó un rincón del rancho para criar sus primeros ejemplares. No tenía más que un puñado de aves de patio, un par de gallos de casta que le regaló un compadre, y la terquedad — esa que se hereda igual que el linaje — de querer hacerlo bien.

Treinta años después, ese rincón se convirtió en un criadero con genealogía documentada, líneas reconocidas y un nombre que se dice con respeto donde se hable de gallos finos en México: Galleros México.

No llegamos aquí de la noche a la mañana. Llegamos camada por camada, cruza por cruza, aprendiendo de cada gallo que no salió como esperábamos tanto como de los que sí.

El rancho familiar donde nació el criadero

Tres generaciones

Un mismo linaje, contado en tres tiempos

I

El fundador

Empezó con dos gallos y la certeza de que un buen pie de cría no se compra: se construye. Puso las primeras líneas y la regla que seguimos hasta hoy — nunca vender un gallo cuya genealogía no puedas explicar de memoria.

II

La segunda generación

Creció entre gallineros y aprendió a leer un gallo por la postura antes que por el plumaje. Llevó al criadero de ser un secreto de rancho a tener nombre en la región.

III

Hoy

La tercera generación toma la posta con la misma obsesión por la casta — y con las herramientas para que cada gallo, cada línea y cada dato de genealogía lleguen limpios y verificables a quien de verdad sabe lo que busca.

Manos de la familia Aldana con uno de sus gallos

“Un gallo no se hereda en el testamento. Se hereda en las manos que aprendieron a sostenerlo.”

Familia Aldana

Cómo trabajamos

Lo que no estamos dispuestos a negociar

Genealogía documentada

Cada gallo tiene su línea registrada. Si no podemos explicar de dónde viene, no sale del criadero.

Selección rigurosa

No criamos cantidad. Criamos los ejemplares que sostienen el nombre de la casa.

Trato de rancho, no de bodega

Cada ave se cría con espacio, tiempo y cuidado — no en lote.

Honestidad, aunque cueste la venta

Si un gallo no es para ti, te lo decimos. Preferimos un cliente que regrese a uno que no vuelva.

Treinta años de trabajo están en este catálogo.

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